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¡Oh, qué crimen!  Los primeros en acusarnos son los mortales a nosotros que somos divinidades, y nos juzgan causa y origen de los  males que les sobrevienen;  mas es la vida detestable que llevan y sus propios actos loas que los hacen perecer, porque por  propia voluntad buscan la desdicha fuera del destino….

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