Cuento sin moraleja

Estándar
Un hombre vendía gritos y palabras, y le iba bien, aunque encontraba mucha gente que discutía los precios y solicitaba descuentos. El hombre accedía casi siempre, y así pudo vender muchos gritos de vendedores callejeros, algunos suspiros que le compraban señoras rentistas, y palabras para consignas, eslóganes, membretes y falsas ocurrencias….




(A veces  me gustaria encontrarme
con  ese vendedor de  palabras y gritos,  y comprarle un grito,  un
grito grande, grande;  tan grande  como para desvanecerme en el y convertirme en viento.
)

...las palabras y los gritos eran cosa que en rigor pueden venderse pero no comprarse, aunque parezca absurdo.


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